domingo, 12 de agosto de 2007

De bodas

Ayer me tocó ir a la segunda boda de las 3 que creo que voy a asistir este año. Todas ellas son bodas por la Iglesia y hasta ahora las 2 que llevo tenían una organización muy cuidada.

Personalmente, no creo en la institución matrimonial y mucho menos en las implicaciones religiosas del tema. Así que asisto a estos eventos intentando verlos como una especie de ritual social en el que una pareja muestra a sus familiares y allegados que se quieren y quieren formar familia.

Tras la ceremonia eclesiástica, llega el banquete habitual en el que se come un montón de cosas riquísimas, pero que al día siguiente, al menos a mí, te pasan factura y te dejan el estómago revuelto.

Un detalle importante durante dicho banquete es la mesa en la que han decidido que te sientes. Hasta ahora en las 2 que llevo este año tenían todo planificado y estuvieron haciendo cábalas para ver cómo combinar a los invitados. Yo procuro no hacerme muchas expectativas previas porque por mi experiencia, depende mucho del azar y sobre todo, de la predisposición que se tenga. Así que intento comunicarme lo mejor que puedo con los que tenga a mi lado a pesar de que con el ruido es bastante difícil mantener una conversación.

Y finalmente, llega el momento de la música. Hasta ahora en las 2 que he ido me pareció lo más cutre. Yo creo que dedicaron mucho tiempo a organizar los demás detalles, pero para esta fase dejaron a un DJ con un equipo de música y 2 altavoces que pinchase lo que le pareciese, generalmente pachanga variada. En la de ayer, además, la acústica del local era bastante mala y la música sonaba estridente.

Y es que yo recuerdo hacer asistido a bodas en las que había una orquesta, con su batería, bajo, guitarra, sección de vientos, etc. Y aquéllo era otra cosa. Incluso recuerdo que en la boda de mi hermano tengo alguna foto tocando la batería. En fin, que puestos a mantener costumbres, no estaba mal, que se mantuviese la de la música en directo. De hecho, en la Iglesia creo que había un violinista y un coro tocando en directo.

En cualquier caso, durante la música lo mejor es dejarse de pijadas y dedicarse a mover un poco el cuerpo para bajar la cena. Que total, por muy mal que uno baile, se pasa bien y se hace algo de ejercicio.