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viernes, 12 de septiembre de 2008

Hacerse el sueco en las antípodas

Esta semana terminé el libro Hacerse sueco en las antipodas, de Mark McCrum (el título original es Going dutch to Beijing).

El libro contiene un montón de curiosidades sobre las diferencias culturales internacionales. Aunque algunas cosas pueden ser estereotipos, el libro tampoco es excesivamente simplista y creo que no intenta ridiculizar, sino simplemente señalar esas peculiaridades.

Tal y como dice el propio autor:

Sin duda alguna, en un día no muy lejano viviremos en un mundo que será el equivalente global de un vía principal británica contemporánea, tristemente uniforme y anodina. Entonces este libro será un curioso recordatorio de los días pasados. Mientras tanto, nuestro planeta continúa siendo un lugar vasto y extraordinario, y este libro no es más que una modesta introducción a sus peculiares y variados comportamientos.


Según mi experiencia, una de las mejores cosas de viajar es la posibilidad de encontrar gente de países y costumbres diferentes, pero con los que se puede encajar y encontrar más similitudes que con gente de tu mismo barrio.

domingo, 28 de octubre de 2007

Bodas y regalos

Ayer asistí a la tercer boda que me ha tocado este año. En otro artículo ya comenté algo mi opinión sobre las bodas.

En esta ocasión, la música también corrió a cargo de un DJ que además de discos, tenía micrófono. La música estuvo más o menos acorde a lo que suele ser habitual en las bodas, aunque el chaval parecía tener ganas de armarla con el micrófono y en una canción se empeñó en sacar a todo el mundo a la pista, llegando a ponerse un poco tenso cuando vio que muchos pasábamos de él. Y no nos arrepentimos cuando vimos que la coreografía consistía en agarrarse la gente unos a otros metiendo las manos por entre las piernas y dando saltitos adelante y atrás dando lugar a un espectáculo grotesco. Sigo pensando que si la gente quiere bailar, una buena orquesta, sin coreógrafo, sería lo mejor.

Aparte de éso, en este artículo me apetecía comentar el tema de los "regalos". Porque después de 3 bodas en un año, en las que el regalo consistía en un sobre con dinero, uno se plantea si la costumbre no ha degenerado en un simple intercambio comercial. Y es que unas semanas antes, la conversación habitual a escondidas de los novios es cuál es la cantidad que hay que dar para no quedar mal. Cantidad que debe ser, como mínimo, superior al cubierto, y que parece que cada año aumenta.

Sobre este tema, no me he metido a indagar en Internet (ni ganas), pero no me extrañaría que hubiese incluso estudios sobre en qué regiones se gastan más en los regalos y en cuáles menos. Sería curioso conocer la media nacional del precio del regalo y ver cómo se relaciona con la inflación.

Me imagino que los datos no deben ser difíciles de obtener entre las empresas especializadas. Recuerdo que un familiar preparó una lista de bodas a través de Internet en la que podías ir seleccionando los regalos que querías darles (por cierto con unos precios bastante elevados). Claro que luego, según me contó, ellos podían ir a la empresa y cambiar los regalos por otras cosas. Un buen negocio.

domingo, 12 de agosto de 2007

De bodas

Ayer me tocó ir a la segunda boda de las 3 que creo que voy a asistir este año. Todas ellas son bodas por la Iglesia y hasta ahora las 2 que llevo tenían una organización muy cuidada.

Personalmente, no creo en la institución matrimonial y mucho menos en las implicaciones religiosas del tema. Así que asisto a estos eventos intentando verlos como una especie de ritual social en el que una pareja muestra a sus familiares y allegados que se quieren y quieren formar familia.

Tras la ceremonia eclesiástica, llega el banquete habitual en el que se come un montón de cosas riquísimas, pero que al día siguiente, al menos a mí, te pasan factura y te dejan el estómago revuelto.

Un detalle importante durante dicho banquete es la mesa en la que han decidido que te sientes. Hasta ahora en las 2 que llevo este año tenían todo planificado y estuvieron haciendo cábalas para ver cómo combinar a los invitados. Yo procuro no hacerme muchas expectativas previas porque por mi experiencia, depende mucho del azar y sobre todo, de la predisposición que se tenga. Así que intento comunicarme lo mejor que puedo con los que tenga a mi lado a pesar de que con el ruido es bastante difícil mantener una conversación.

Y finalmente, llega el momento de la música. Hasta ahora en las 2 que he ido me pareció lo más cutre. Yo creo que dedicaron mucho tiempo a organizar los demás detalles, pero para esta fase dejaron a un DJ con un equipo de música y 2 altavoces que pinchase lo que le pareciese, generalmente pachanga variada. En la de ayer, además, la acústica del local era bastante mala y la música sonaba estridente.

Y es que yo recuerdo hacer asistido a bodas en las que había una orquesta, con su batería, bajo, guitarra, sección de vientos, etc. Y aquéllo era otra cosa. Incluso recuerdo que en la boda de mi hermano tengo alguna foto tocando la batería. En fin, que puestos a mantener costumbres, no estaba mal, que se mantuviese la de la música en directo. De hecho, en la Iglesia creo que había un violinista y un coro tocando en directo.

En cualquier caso, durante la música lo mejor es dejarse de pijadas y dedicarse a mover un poco el cuerpo para bajar la cena. Que total, por muy mal que uno baile, se pasa bien y se hace algo de ejercicio.