Ayer acabé en una conversación en la que salió el tema de perder el tiempo. Y estuve toda la noche dándole vueltas a qué es perder el tiempo y sobre todo, a cuándo se puede distinguir entre perder el tiempo o invertirlo.
Y es que creo que muchas veces hacemos cosas que pueden parecer pérdidas de tiempo porque no tienen un beneficio a corto plazo o peor, porque parece que no tienen ningún beneficio. Y sin embargo, a la larga, comprobamos que sí que lo tienen.
Un ejemplo es hacer deporte: acabo de venir de la piscina, algo que llevo haciendo los últimos años con cierta asiduidad. Y aunque a corto plazo puede parecer que es perder el tiempo, a la larga creo que tiene bastantes beneficios.
Otro ejemplo sería salir a tomar algo. Cuando uno está metido en mil batallas y cosas a resolver, y no digamos cuando se tienen hijos, es fácil acabar dejando de lado cosas tan simples como salir de vez en cuando a tomar algo con los amigos. Y sin embargo, a la larga, creo que se trabaja mejor si se hacen ese tipo de cosas, porque la mente se relaja, y al día siguiente, incluso parece que los problemas se ven de otra forma.
Como los ejemplos anteriores, se me ocurren un montón más, y creo que son bastante obvios para escribirlos.
El caso es que muchas veces echamos la culpa a no querer perder el tiempo, para dejar de hacer ciertas cosas, cuando en realidad, lo que estaríamos haciendo es invertir el tiempo. O si no invertimos el tiempo, por lo menos, lo disfrutamos, que nunca viene mal.